¡Los
domingos son el día perfecto para hacer planes diferentes!, esa es nuestra
frase para alistar maletas y salir a pasear un rato por Bogotá. Las salidas
casi siempre son familiares, es decir, salimos hasta con el perro, pero hoy no
sería así. Decidí escaparme solo con mis dos primas, Laura de 11 años y
Catalina de 9 años, a caminar por Bogotá. Y sin decir un destino, motivadas por
una salida libre de regaños y de mucha comida; nada saludable, estuvieron
listas en la mitad del tiempo normal.
Su
emoción por caminar por el centro de la capital fue increíble, ansiosas solo
reían y preguntaban cada minuto ¿Qué tan cerca estábamos de nuestro destino? Y
¿Qué planes tenia? Preguntas que en realidad iba resolviendo en el trayecto.
Alguna
vez, viendo programas con ellas, Laura me pregunto acerca de las auroras
boreales, sus colores y destellos llamaron su atención, fue esa la imagen que
llego a mi cabeza y claro la solución a sus preguntas, así que en el camino les
conté acerca del Planetario de Bogotá, ubicado justo al lado de La Plaza La
Santamaría y en medio del parque de la independencia, donde comienza la séptima
y muy cerca de La Torre Colpatria.
Fundado en 1967 cuando las misiones
Apolo a la Luna sembraron el interés por
la astronomía y las ciencias del espacio, se dio origen a este proyecto que
buscaba ampliar la cultura y el interés por las actividades científicas y la
astronomía en particular, observar y entender el universo es su trabajo
principal.
Su inauguración fue el 22 de diciembre
de 1969, enmarcado por uno de los acontecimientos científicos más importante y
el que revolucionó el campo de la astronomía al igual que el campo científico;
la llegada del hombre a la luna, el día 20 de julio de ese mismo año.
Ahora bien al ser un lugar de
tecnología y avances, les contaba los cambio que sufrió y que día a día se
presentan en pro de la facilidad y ayuda para cada lúdica que allí se practica.
Mi monologo ya las estaba cansando,
tanto que al llegar salieron de prisa dirigiéndose a la torre Colpatria, el
típico abrazo y su mirada al cielo fueron el inicio de una tarde llena de
lindas sorpresas. Cruzamos la séptima y apenas solté sus manos, brincaban y
tomaban fotos de este edificio rodeado de árboles.
Al ingresar, compramos las boletas para la
proyección de Los Planetas y las
Estrellas del Cielo, que sería unas horas más tarde así que nos dirigimos a
la Astroteca; sitio de talleres, actividades ludias y exposiciones. Allí
tomaron un rompecabezas del sol que no armaron, ya que se vieron atraídas por
una biblioteca llena de libros del espacio; tomaron uno y con una mirada tierna
me lo entregaron y se ubicaron frente a mi dispuestas a escuchar sobre la
historia de la tierra. Cuando me disponía a leer el libro, empezó una de las
actividades que más aman, figuras de plastilina, así que una vez más, cambiamos
de labor.
En un cuarto pequeño nos reunimos niños
y acudientes para realizar dinosaurios de colores, su agrado y creatividad se
hizo evidente, jugaron con los colores, formas y texturas, buscando encontrar
su dinosaurio ideal. Riendo y jugando con ellos salimos de allí para retomar
nuestra lectura.
De ella aprendimos del origen de: el
sol, la luna, las estrellas y los planetas. Tenía una línea cronológica así que
reconocieron la antigüedad y las trasformaciones que han sufrido tras su
evolución. Aunque parecían ignorarme, al nombrar dinosaurios en la era en que
existían, las inspiro para ir ajustando sus figuras antes de salir a dar una
vuelta.
Mientras esperábamos el show de luce,
fuimos a caminar al parque que rodea el planetario, jugamos y tomamos muchas
fotos a sus paisajes, que captaron nuestra atención al tener tanta zona verde
mezclada con edificios.
Recorrimos sus largos caminos y sus
innumerables escalones, admirando la naturaleza, el domo del planetario al igual que unos edificios enormes. Llegando
a lo más alto de los escalones
observamos la plaza de toros, sitio que ellas no conocían y yo apenas
sabía lo básico. Un lugar enorme y descuidado, lleno de arena pero imponente y
curioso para nosotras tres.
Al bajar no encontramos con unas
flores, de las que no conocemos el nombre, pero que nos traen bonitos
recuerdos, mi abuelo le quitaba los pétalos para probar la miel que tiene en su
interior. Vimos unas naranjas, que no conocíamos, y unas amarillas que eran las
que había en la finca de mi tío, las que
robábamos todos los primos. Entonces abrimos una amarilla y ellas con una risa
picara probaron la miel y recordaron un poco de esas enseñanza que mi abuelo
nos dejó; bueno o picardías, él era un niño en el cuerpo de un señor.
Pedimos malteada de chocolate, catalina
justo pidió la última que tenían, así que Laura y yo elegimos un jugo de
lulo maracuyá para recuperar la energía que
perdimos en el trayecto.
Estaban muy emocionadas de entrar a ver
la proyección del espacio y conocer más de cerca sus características, tanto que
mientras les hablaba de lugares históricos de la ciudad, de temas relacionados
con los agüeros de gusano o los mundos paralelos; temas que me apasionan, por
eso de mi amor por los comics, ellas no paraban de revisar la hora en mi
celular, para que saliéramos justo a tiempo al evento.
Ya se estaba oscureciendo y cerca de
las 4 bajamos deprisa, ingresamos de nuevo y
entregamos las boletas para ver el evento que tanto habíamos esperado.
Ingresamos la sala de proyecciones, de la que leímos que era un área total de
506 metros cuadrados y dotada con un domo de 23 metros de diámetro, el más
grande de Colombia y uno de los más grandes de Sudamérica, es el lugar donde a
diario se proyectaban las estrellas más conocidas por todo el público.
En cuanto al sonido, decían que este
espacio contaba con 36 parlantes
ubicados a 70 y 45 grados del oyente, en el horizonte y en el centro, creando
un sonido envolvente, una iluminación, unos efectos y proyecciones de una
calidad impresionante, motivaban más el inicio de nuestra última actividad.
Nos prohibieron el uso de cámaras o
celulares ya que afirman que su uso hace interferencia con los efectos de luz
que tienen, impidiendo el disfrute de nosotras y los demás asistentes en la
sala.
Así que concentradas y ya a segundos de
iniciar, avisan el cierre de las puertas y empezamos una de las mejor
experiencias. Conocimos las constelaciones, los planetas y toda la composición
del universo, el sistema solar y la ubicación de las estrellas como si en
realidad estuviéramos de noche, con sonidos y experiencias inimaginables.
Sin duda fue un aprendizaje enorme para
las tres. Las fechas, los datos extraños, como temperaturas, composiciones
y la conformación de constelaciones, hicieron de esa casi hora la mejor.
Todos los días aprendemos y más si
tenemos niños cerca, su curiosidad, alegría y espontaneidad es algo que solemos
perder al crecer y solo quien está cerca a los niños tiende a soltarse más, a
disfrutar pero sobre todo a conocer, a abrir la mente a experiencias nuevas.















