martes, 10 de mayo de 2016

Una aventura espacial

¡Los domingos son el día perfecto para hacer planes diferentes!, esa es nuestra frase para alistar maletas y salir a pasear un rato por Bogotá. Las salidas casi siempre son familiares, es decir, salimos hasta con el perro, pero hoy no sería así. Decidí escaparme solo con mis dos primas, Laura de 11 años y Catalina de 9 años, a caminar por Bogotá. Y sin decir un destino, motivadas por una salida libre de regaños y de mucha comida; nada saludable, estuvieron listas en la mitad del tiempo normal.


Su emoción por caminar por el centro de la capital fue increíble, ansiosas solo reían y preguntaban cada minuto ¿Qué tan cerca estábamos de nuestro destino? Y ¿Qué planes tenia? Preguntas que en realidad iba resolviendo en el trayecto.



Alguna vez, viendo programas con ellas, Laura me pregunto acerca de las auroras boreales, sus colores y destellos llamaron su atención, fue esa la imagen que llego a mi cabeza y claro la solución a sus preguntas, así que en el camino les conté acerca del Planetario de Bogotá, ubicado justo al lado de La Plaza La Santamaría y en medio del parque de la independencia, donde comienza la séptima y  muy cerca de La Torre Colpatria.




Fundado en 1967 cuando las misiones Apolo a la Luna sembraron el  interés por la astronomía y las ciencias del espacio, se dio origen a este proyecto que buscaba ampliar la cultura y el interés por las actividades científicas y la astronomía en particular, observar y entender el universo es su trabajo principal.
                                                        
Su inauguración fue el 22 de diciembre de 1969, enmarcado por uno de los acontecimientos científicos más importante y el que revolucionó el campo de la astronomía al igual que el campo científico; la llegada del hombre a la luna, el día 20 de julio de ese mismo año.


Ahora bien al ser un lugar de tecnología y avances, les contaba los cambio que sufrió y que día a día se presentan en pro de la facilidad y ayuda para cada lúdica que allí se practica.

Mi monologo ya las estaba cansando, tanto que al llegar salieron de prisa dirigiéndose a la torre Colpatria, el típico abrazo y su mirada al cielo fueron el inicio de una tarde llena de lindas sorpresas. Cruzamos la séptima y apenas solté sus manos, brincaban y tomaban fotos de este edificio rodeado de árboles.


 




 Al ingresar, compramos las boletas para la proyección de Los Planetas y las Estrellas del Cielo, que sería unas horas más tarde así que nos dirigimos a la Astroteca; sitio de talleres, actividades ludias y exposiciones. Allí tomaron un rompecabezas del sol que no armaron, ya que se vieron atraídas por una biblioteca llena de libros del espacio; tomaron uno y con una mirada tierna me lo entregaron y se ubicaron frente a mi dispuestas a escuchar sobre la historia de la tierra. Cuando me disponía a leer el libro, empezó una de las actividades que más aman, figuras de plastilina, así que una vez más, cambiamos de labor.



En un cuarto pequeño nos reunimos niños y acudientes para realizar dinosaurios de colores, su agrado y creatividad se hizo evidente, jugaron con los colores, formas y texturas, buscando encontrar su dinosaurio ideal. Riendo y jugando con ellos salimos de allí para retomar nuestra lectura.


De ella aprendimos del origen de: el sol, la luna, las estrellas y los planetas. Tenía una línea cronológica así que reconocieron la antigüedad y las trasformaciones que han sufrido tras su evolución. Aunque parecían ignorarme, al nombrar dinosaurios en la era en que existían, las inspiro para ir ajustando sus figuras antes de salir a dar una vuelta.




Mientras esperábamos el show de luce, fuimos a caminar al parque que rodea el planetario, jugamos y tomamos muchas fotos a sus paisajes, que captaron nuestra atención al tener tanta zona verde mezclada con edificios.




Recorrimos sus largos caminos y sus innumerables escalones, admirando la naturaleza, el domo del planetario  al igual que unos edificios enormes. Llegando a lo más alto de los escalones  observamos la plaza de toros, sitio que ellas no conocían y yo apenas sabía lo básico. Un lugar enorme y descuidado, lleno de arena pero imponente y curioso para nosotras tres.


Al bajar no encontramos con unas flores, de las que no conocemos el nombre, pero que nos traen bonitos recuerdos, mi abuelo le quitaba los pétalos para probar la miel que tiene en su interior. Vimos unas naranjas, que no conocíamos, y unas amarillas que eran las que había en  la finca de mi tío, las que robábamos todos los primos. Entonces abrimos una amarilla y ellas con una risa picara probaron la miel y recordaron un poco de esas enseñanza que mi abuelo nos dejó; bueno o picardías, él era un niño en el cuerpo de un señor.




Aún faltaba una hora y estábamos agotadas de caminar tanto, de jugar y rodar por el césped, así que decidimos tomar algo en un restaurante por la circunvalar. Ese sector está lleno de restaurantes llamativos, de países, de regiones y con todo tipo de estilo. Nosotras entramos a uno que tenía muchas flores, una entrada muy antigua y unos escalones empinados; como para no perder la costumbre, y para ser realistas fue el letrero de las malteadas y un grafiti de pájaros el que nos atrajo; el amor de Laura por los pájaros y su habilidad de volar, es algo que siempre la despista, la deleita.

Pedimos malteada de chocolate, catalina justo pidió la última que tenían, así que Laura y yo elegimos un jugo de lulo  maracuyá para recuperar la energía que perdimos en el trayecto.



 



Estaban muy emocionadas de entrar a ver la proyección del espacio y conocer más de cerca sus características, tanto que mientras les hablaba de lugares históricos de la ciudad, de temas relacionados con los agüeros de gusano o los mundos paralelos; temas que me apasionan, por eso de mi amor por los comics, ellas no paraban de revisar la hora en mi celular, para que saliéramos justo a tiempo al evento.


Ya se estaba oscureciendo y cerca de las 4 bajamos deprisa, ingresamos de nuevo y  entregamos las boletas para ver el evento que tanto habíamos esperado. Ingresamos la sala de proyecciones, de la que leímos que era un área total de 506 metros cuadrados y dotada con un domo de 23 metros de diámetro, el más grande de Colombia y uno de los más grandes de Sudamérica, es el lugar donde a diario se proyectaban las estrellas más conocidas por todo el público.




Su superficie firme y su alta tecnología Nanoseam, es decir sin costuras, está compuesta por 420 paneles invisibles para el público. Esta pantalla es la cuarta de su clase en el planeta. Las otras están en Estados Unidos: en el Reuben H. Fleet Science Center, de San Diego, en la Academia de Ciencias de San Francisco, y otra en Phoenix,Arizona. Así que ya pueden imaginar nuestras caras de alegría y desespero.


En cuanto al sonido, decían que este espacio contaba con  36 parlantes ubicados a 70 y 45 grados del oyente, en el horizonte y en el centro, creando un sonido envolvente, una iluminación, unos efectos y proyecciones de una calidad impresionante, motivaban más el inicio de nuestra última actividad.


Nos prohibieron el uso de cámaras o celulares ya que afirman que su uso hace interferencia con los efectos de luz que tienen, impidiendo el disfrute de nosotras y los demás asistentes en la sala.



Así que concentradas y ya a segundos de iniciar, avisan el cierre de las puertas y empezamos una de las mejor experiencias. Conocimos las constelaciones, los planetas y toda la composición del universo, el sistema solar y la ubicación de las estrellas como si en realidad estuviéramos de noche, con sonidos y experiencias inimaginables.






Sin duda fue un aprendizaje enorme para las tres. Las fechas, los datos extraños, como temperaturas, composiciones y  la conformación de constelaciones,  hicieron de esa casi hora la mejor.





Con una felicidad enorme y completamente agotadas, no fuimos a casa, llenas de datos curiosos que seguro llegaríamos a preguntar y también a compartir con el resto de nuestra familia, un plan poco usual para nuestros fines de semana y sin duda la motivación para conocer más lugares que tenemos en la ciudad, espacios que nos abren las puertas a otros lugares inimaginables.



Todos los días aprendemos y más si tenemos niños cerca, su curiosidad, alegría y espontaneidad es algo que solemos perder al crecer y solo quien está cerca a los niños tiende a soltarse más, a disfrutar pero sobre todo a conocer, a abrir la mente a experiencias nuevas.